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Corpus Christi (Cádiz)

De Cadizpedia

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Historia del Corpus Christi en Cádiz

El Corpus Christi es una de las fiestas mayores de la ciudad desde los tiempos más remotos, pues si la celebración litúrgica se establece para toda la Iglesia universal en 1264 por el Papa Urbano IV (1261-1264) aunque ya se empezara a conmemorar en la ciudad belga de Lieja en 1246 establecida por el obispo Robert de Toronte, España fue una de las naciones que con más cariño acogió la celebración eucarística y por algo es nuestro país el afortunado poseedor de las más bellas muestras de la orfebrería mundial como son las diversas y monumentales custodias en que es paseado el Sacramento por calles y plazas españolas en la mañana o tarde primaveral del mes de junio.

Los famosos Corpus españoles de Toledo, Granada, Sevilla y Cádiz, tienen grandes y majestuosas custodias que han sido elaboradas por los mejores artífices plateros del momento. Digna de admirarse, por su belleza y esbeltez, es esta que poseemos en Cádiz, artística alhaja del siglo XVII completada en centurias posteriores.

Siglo XVI

Custodia gótica, más conocida como El Cogollo.

En 1596 había en la Catedral de la ciudad, Santa Cruz, una custodia llamada "El Cogollo", donde cada año era procesionado el Santísimo. Esa alhaja preciosa sigue en nuestro poder y todavía procesionando dentro de la argéntea que realizara el orfebre Antonio Suárez en el siglo XVII.

Siglo XVII

En la procesión del año 1692, la lluvia hizo acto de presencia y mojó mucho la meritoria obra de orfebrería, ocurriendo en dicha mañana que el Santísimo que iba en la custodia se tuvo que refugiar en la casa de don Diego Barrios de la Rosa y Soto, en la calle de Juan de Andas, hoy Cristóbal Colón, en la denominada Casa de las Cadenas. Una lápida colocada sobre la puerta principal sigue contando al viandante el suceso y los privilegios que acarreó dicha estancia del Santísimo en la casa palacio de Barrios, prebendas que dicho señor se arrogó en demasía.

Como consecuencia de esa inesperada lluvia, tanto el cabildo secular -dueño legítimo de la alhaja- como el eclesiástico, determinaron lo necesario que era desmontar toda la estructura de la custodia para limpiarla y asegurar los tornillos, ya que muchos de ellos amenazaban con romperse víctimas ya de la herrumbre.

Se hizo la faena de limpieza por el maestro Juan de la Serna y al llevarse a cabo éste se notó que la pieza tenía un defecto y era que el segundo cuerpo no obedecía al orden arquitectónico de los otros dos, encomendándose la reforma para unificar estilos al orfebre romano Bernardino Cientolini, que comenzó el trabajo presentado en un proyecto en el año de 1692 para terminarlo en el siguiente de 1693 en las vísperas del Corpus. Este platero realizó también para el culto de la catedral, una serie de incensarios con sus navetas en 1698.

Siglo XVIII

En 1721 -un año antes de la colocación de la primera piedra de la nueva catedral- un rico indiano natural de Conil de la Frontera, que desempeñaba un importante cargo en la administración del reino, don Miguel Calderón de la Barca y su esposa doña Ana Pavidal, hicieron construir al orfebre madrileño Pedro Vicente Gómez de Ceballos, un riquísimo ostensorio de oro y gran cantidad de piedras preciosas, que el pueblo conoce por el nombre de "la custodia del millón". El ofrecimiento lo aceptó, como es lógico, el cabildo eclesiástico gaditano y destinó la referida custodia a la exposición del Santísimo en las celebraciones de la octava del Corpus y de la Concepción. Y así hemos conocido nosotros expuesta esa magnífica pieza de la orfebrería durante esas celebraciones y otras, en el manifestador del altar mayor de nuestra catedral hasta su cierre el día 24 de junio de 1969. Reunida la ciudad y muy molesta por la decisión unilateral tomada por el cabildo hermano, decidió, de forma tajante, que en la procesión del día 12, jueves de Corpus, el Señor tenía que salir en la custodia que la ciudad labró para dicho y único fin y que si querían portar la nueva para que el pueblo pudiera conocerla, se la utilizara para llevar en ella una de las dos reliquias: el Santo Lignum Crucis o la Santa Espina, pero en manera alguna el Santísimo Sacramento, que debería ir en la custodia tradicional, acordando la ciudad reunida comunicar al Deán que la ciudad no concurriría a la procesión de llevarse a cabo esta costumbre contraria a la ciudad.

El cabildo catedral supo reaccionar a tiempo y envió una diputación para que se entrevistase con los diputados del Corpus, aunque con la mala fortuna de no haberlos encontrado, pero pudieron tranquilizar a los regidores y la innovación de no sacar la custodia de Antonio Suárez ese año, quedó suprimida, desfilando en la procesión según costumbre ya tradicional, la custodia donada a la ciudad por el patronato de don Melchor de Cuéllar solamente para llevar el Santísimo en la procesión del Corpus y jamás en otra circunstancia y, dentro, la ojival de los plateros cordobeses Juan Ortega y Pedro Benavente, seguidores de Arfe.

Pero como las modas imperan hasta en las cosas de Dios y en su casa y en sus sacerdotes, dicen las crónicas que se empezó a extender un rumor por toda la ciudad -y tenemos que recordar lo que debeiron ser los mentideros gaditanos en pleno XVIII- referente a que el cabildo catedral había dispuesto la salida del Santísimo ese año, expuesto en la custodia donada por don Miguel Calderón de la Barca, en lugar de ir expuesto en la custodia de plata del patronato de don Melchor de Cuéllar, como era costumbre y precepto, apareciendo ésta detrás como de respeto.

En 1740, se hicieron los preciosos cuatro faroles de plata y las caídas por los orfebres Juan Pastor y Sebastián Alcayde en el tiempo récord de 85 días. Alcayde era el maestro platero titular de la Catedral.

Siglo XIX

Las crónicas nos dicen que en 1810, se pide al Ayuntamiento que amplíe la "carrera" y se pide por parte del Cabildo Catedral, "pues con el aumento de las representaciones y del público, llegaba la cabeza de la procesión al templo cuando aún no había salido de él la Custodia...". Y el Ayuntamiento, sabedor de la verdad de la petición, concede esa prolongación y la famosa "carrera" queda establecida de la siguiente manera: Plazuela de las Tablas (actual plaza de la Catedral); Asunción (idem); Callejuela de Marrufo (idem); Plazuela de Santiago (idem); Compañía, Plazuela de los Descalzos (actual Plaza de las Flores); Carne (Columela); San Francisco, San Agustín, de Guanteros (San Francisco); Juan de Andas (Cristóbal Colón) y Cobos, para salir a la Plazuela de las Tablas y "subir a la Iglesia como siempre...".

Hay que significar que la catedral entonces de la ciudad estaba en el hoy viejo templo de Santa Cruz.

El cortejo se ponía en marcha sobre las once de la mañana y se recogía sobre las dos y media de la tarde....

En 1811 el Corpus fue el 13 de junio y para el efecto "se formó el Congreso en la casa episcopal a las nueve y media de la mañana, para asistir a la procesión. De allí salió a las diez y media en ceremonia; iba al lado del Presidente el Regente don Gabriel Císcar y se agregó el Nuncio de Su Santidad, Gravina. En la puerta de la catedral, desde el pie de la escalera exterior, estaba formado el Cabildo para recibir al Congreso, el cual fue colocado en bancos forrados de damasco carmesí con galones de oro... Salió la procesión a las once. El Congreso la cerraba presidiendo detrás de la Custodia...

En 1812, el Corpus fue el día 28 de mayo. La procesión llevó el siguiente itinerario: de la catedral a la Plazuela de las Tablas, calle de Cobos, Sucia (Manzanares); la de Santo Cristo, Plazuela de la Candelaria, Descalzas (Montañés); Plazuela del Palillero, de la Carne, de San Francisco, San Agustín, Juan de Andas, a la catedral...

A pesar de las tensiones existentes y del peligro de los bombardeos franceses, la ciudad de Cádiz, alegre y confiada, se echó a la calle y con su presencia rubricó la solemnidad de la que era su fiesta mayor.

Las crónicas cuentan que "hízose la procesion por la carrera preparada al tiro de las bombas del enemigo, mas no dispararon, y se celebró con gran solemnidad y sosiego". Pero el gaditano sabía que si el francés hubiera querido, siembra más muertos por el pánico que por la acción misma de las bombas. Sin embargo, no quiso y esa festividad única de la ciudad pudo celebrarse a lo peor con menos asistencia de público de lo que era habitual, pero dentro del orden y la suntuosidad tan peculiar en esa fiesta.

A lo largo de la edad moderna el Corpus Christi adquirió notable importancia entre los gaditanos. Pero fue en el siglo pasado cuando cobró los caracteres que hoy la definen. El alcalde Juan Valverde procuró que desde 1861 se solemnizasen las fiestas del Corpus con mayor pompa y diversiones públicas en la calle, de lo que se venía haciendo.

La medida tuvo éxito entre los gaditanos, que desde el primer año se volcaron a celebrar la que se llamó Velada del Corpus.

Durante el establecimiento del periodo cantonal, de marzo a agosto de 1873, los meses de junio y julio fueron especialmente duros, teniendo el Cabildo Catedral que hacer frente al proyecto de subasta de la custodia del Corpus por parte del Ayuntamiento. El Ayuntamiento nombrado por sufragio universal trata de subastarla "para comprar armamento", siendo decisiva la intervención de los señores don Alfonso Moreno Espinosa y don Antonio Góngora que lo impidieron, así como el Cabildo Catedral y su entonces Canónigo Obrero y más tarde obispo de la diócesis, don Vicente Calvo y Valero (1884-1898). El asunto, delicado por estar por medio no sólo la Custodia como alhaja apreciadísima sino como objeto portador del Sacramento de la Eucaristía, sensibilizó mucho a la opinión pública y según las actas, tanto del Cabildo Catedral como del municipal, reflejan los muchos acuerdos y reclamaciones que, tanto uno como el otro, se hicieron para no perder, ambos, la posesión de la misma.

El Cabildo Catedral solicita del Ayuntamiento le facilite la Custodia para la salida de la procesión, así como su contribución a los gastos. El Ayuntamiento, en sesión secreta celebrada, lee el oficio del Cabildo hermano y decide negar la licencia, aunque al final "acuerda prestarla el día de la salida si el Cabildo determina sacarla...".

Cuando se recibe la comunicación en la catedral, los capitulares deciden que "en vista de los gastos y en atención de los tiempos difíciles, la procesión eucarística sea por el interior del templo".

En sesión municipal celebrada el día 30 de mayo de 1873, el municipio, entre otros medios de allegar recursos, "acuerda la enajenación de la custodia en pública subasta" y se nombra una comisión formada por los ciudadanos Pacheco, Gutiérrez, García, Gómez, Solórzano y Rendón, los que se les autoriza para que recojan las llaves del local donde se halla depositada (en la catedral vieja) y procedan al examen de la alhaja a fin de informar sobre su valor y proponer los términos y condiciones con que ha de llevarse a efecto la mencionada subasta. En la catedral, el Deán recibe el oficio donde se comunica que "a las dos de la tarde, iría una comisión para ver la custodia...".

En una sesión de "palabra" convocada por el Sr. Calvo y Valero, después del coro de la tarde, éste da a conocer a los capitulares que "cerca de las tres de la tarde se había presentado la comisión del Ayuntamiento para visitar la custodia y que, al despedirse, significaron el encargo que habían recibido de recoger la llave que obra en poder del Cabildo al efecto de no tenerla que pedir con la frecuencia que sea necesaria", manifestando en el acto el Sr. Calvo y Valero a los comisionados "que no podía haber entrega de la llave sin el oportuno acuerdo capitular...". Esta decisión manifestada por el Cabildo podría haber sido fatal para el futuro de la custodia ya que la misma levantó gran nerviosismo entre los capitulares municipales que consideraban de suma urgencia la subasta para poder hacer frente al encargo de armamento que se proyectaba para equipar al Cuerpo de Voluntarios de la República, con 3.700 fusiles, 300 tercerolas y 300.000 cartuchos.

Cuando la comisión examina la alhaja y ve que la misma se encuentra en perfecto estado de conservación, llega a la conclusión que "el tipo para la subasta debe ser de 70.000 escudos a la alza".

Al día siguiente, la prensa local publica el anuncio de la subasta de la custodia bajo el tipo de 70.000 escudos.

Graves y grandes dudas y decisiones tuvieron que tomar en jornadas sucesivas el Cabildo Catedral y el obispo Fray Félix María de Arriete y Llanos (1864-1879), siendo el abanderado de la causa el Sr. Calvo y Valero y decisivas sus intervenciones ante la mesa del Cabildo y éste se divide en facciones, entre los que se encuentran partidarios del sí y la otra faccion del no, y entre dilaciones y reuniones que sirvieron para poner muy nervioso al otro Cabildo, que veía acercarse la fecha de la subasta sin haber todavía conseguido nada y sin tener en su poder a llave del lugar donde se guardaba la custodia.

En una operación de hábil arrojo y que salió bien por misericordia divina, el Cabildo Catedral entabla una denuncia contra el Cabildo municipal y el Sr. Cavo y Valero hace publicar en la prensa local el documento y acta de la entrega con que se cedió al Cabildo Catedral la custodia por el Cabildo municipal en el año 1864.

Ni que decir tiene la gran alegría que la ciudad experimentó con la valiente decisión del Cabildo Catedral, pero ni que decir tiene también que el municipio vio cómo se trastocaban todos sus proyectos y, no cejando en su empeño, decidió la incautación de la Catedral, no especificando a cuál de las dos le iba a tocar la aplicación de la ley.

Vuelve de nuevo a ponerse de manifiesto la valentía y decisión de Calvo y Valero que, temiéndose lo peor, y que la ley decidiera la incautación de la catedral nueva, hace trasladar a este templo la pila bautismal de la vieja, que queda instalada en la Capilla de San Sebastián, el sagrario y el archivo, con lo que convierte a la catedral nueva en parroquia y evita así la incautación del templo, ya que el decreto taxativamente se refería así:

"B.O.P. 20 de julio de 1873. Comité de Salud Pública. Decreto: Art. 1º. Los edificios destinados al culto, a excepción de las parroquias y de los de propiedad particular o patronatos, pasarán a poder de sus respectivos municipios. Cádiz, 19 de junio de 1873. El Presidente, Fermín Salvochea y Álvarez".

Así, la orden de incautación cae sobre el viejo templo que ve su larga vida cortada por la decisión, y aunque en su interior seguía guardada la custodia, el Sr. Calvo y Valero y el Cabildo hacen saber a los incautadores que "la referida custodia tenía que quedar necesariamente allí por no haber lugar capaz en la catedral nueva para guardarla".

Cuando en agosto vuelve la normalidad, los edificios vuelven también a sus antiguos poseedores y todo queda tal y como estaba antes.

El ayuntamiento, decorado durante la celebración del Corpus

Siglo XX

En nuestros días, la fiesta del Corpus es en Cádiz todo; y para ella se engalanan las calles y se cubre la carrera con toldos y se alfombran las calles con plantas aromáticas y ante el Ayuntamiento una singular alfombra de flores y serrín de colores pavimenta el centro de la plaza ayer de la Corredera de las Águilas y hoy de San Juan de Dios, centro vertebral de la ciudad vieja que, como cada año, se engalana y vibra al paso de la procesión cuando la mañana luminosa del domingo eucarístico alumbra con destellos de plata a una ciudad que es toda ella como un templo vivo ante el que discurre una elegante y suntuosa procesión que ha dado fama a una ciudad principalmente desde el siglo XVII que es cuando sale por primera vez a las calles la gran custodia del orfebre gaditano Antonio Suárez.

La procesión

La Custodia, una de las mayores joyas de la orfebrería gaditana, fue labrada en 1664 por el orfebre gaditano Antonio Suárez. Mide tres metros y medio de alto y su peso es de 390 Kilogramos, siendo la más alta de España.

El 'Cogollo', o custodia interior, esta atribuida al orfebre de origen flamenco Enrique de Arfe, midiendo 62 centímetros, y ubicada en la capilla de cuerpo inferior.

La Custodia en sí está dividida en tres cuerpos:

  1. Cuerpo principal, o cuerpo inferior, donde se halla el anteriormente mencionado 'Cogollo'.
  2. Segundo cuerpo o intermedio, donde se encuentra una imagen de Cristo Resucitado.
  3. El tercer cuerpo o superior, que sostiene la cúpula, finalizada con una imagen alegórica de la Fe.

Otra parte muy importante de la Custodia es el Zócalo, obra de Bernardo Cientolini en 1692, y finalmente el Carro, labrado en 1721 por Francisco Arena, formando así una imponente joya de la que podemos sentirnos orgullosos en nuestra ciudad. El paso es portado a ruedas, dirigido desde el interior por ocho personas y que en los últimos años pertenecen a la Orden Tercera de Servitas.

Acompañando a la Custodia procesiona la Virgen del Rosario, nuestra Patrona, en una de las dos ocasiones en que sale habitualmente a las calles gaditanas durante el año.

Hasta finales de la década de los 80 los Santos Patronos, San Servando y San Germán, también procesionaban en el cortejo, hasta que una conveniente restauración y una posterior recomendación por parte de sus restauradores desaconsejando su salida, dejan a éstos sin salir. Asimismo han dejado de salir también los pasos correspondientes al Lignum Crucis y a la Santa Espina.

Tradiciones perdidas del Corpus Christi gaditano

La procesión del Corpus Christi gaditano llegó a tener catorce pasos (San Dionisio, San Blas, San Roque, San Francisco Javier, San José, Arcángeles San Miguel y San Rafael, Dulce Nombre de Jesús, San Servando, San Germán, la Patrona, La Santa Espina, el Lignum Crucis y la Custodia). Pero además, en este nutrido cortejo eucarístico llegaron a intervenir hasta antes de la Guerra Civil, la corte de los Seises[1] de la Catedral, que cantaban y oraban al Santísimo en estratégicos puntos del centro con motivo de la festividad. Asimismo, bailaban corte de gigantes y cabezudos, que posteriormente fueron prohibidos.

Otra tradición perdida es el desayuno municipal[2] que ofrecía el cabildo civil del Ayuntamiento al Cabildo Catedral, con sus momentos de polémica, que los hubo en siglos anteriores.

Notas

  1. Los seises en Cádiz fueron una figura tradicional de la procesión del Corpus hasta mediados del siglo pasado. Eran niños elegidos por su buena voz y compaginaban el canto con la tarea de ayudar a los canónigos de la Catedral. Vestían sotanilla roja y sobrepelliz blanca. La tradición ordenaba que durante la procesión del Corpus, los seises cantaran en cinco lugares diferentes: a la entrada de la Calle Cobos, en la calle Cristóbal Colón frente a la Casa de las Cadenas, al final de la calle Nueva, frente al Ayuntamiento y ante la Capilla del Pópulo.
  2. Era costumbre hasta hace pocos años que el Ayuntamiento invitara al Cabildo Catedral a presenciar el desfile de las tropas que habían cubierto la carrera, desde el balcón principal de las Casas Consistoriales. Los munícipes invitaban al clero a vino y pasteles cuya esplendidez dependía de las relaciones de ambos Cabildos.

Bibliografía

  • Ángel Mozo Polo: Historia del Corpus de Cádiz
  • Web del Ayuntamiento de Cádiz (www.cadiz.es).


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