Emilio Castelar y Ripoll

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Biografía

Emilio Castelar y Ripoll nace en Cádiz el 7 de septiembre de 1832. Sus padres, Manuel Castelar y María Antonia Ripoll, de ideología liberal, eran oriundos de Alicante. La estancia de la familia Castelar en Cádiz fue tranquila y apacible. Manuel Castelar era agente de cambios y muy aficionado a la lectura y al estudio: su propio hijo (a quien pretendía inculcar su interés por la cultura) recuerda la biblioteca familiar como una de las mejores que existían en Cádiz, tanto por el número de libros como por la variedad de materias. Tras el repentino fallecimiento de Manuel, la familia tuvo que trasladarse a Elda (Alicante).

En 1845 inició sus estudios de Segunda Enseñanza en el Instituto de Alicante. Muy pronto, los profesores advierten la precocidad del joven Castelar que, con apenas trece o catorce años, traducía textos latinos con gran exactitud y además, con cierta elegancia expresiva. Ya por entonces se va perfilando su vocación: le entusiasman las Humanidades, pero apenas se interesa por las materias científicas. Realiza sus primeros tanteos como escritor: él mismo recuerda cómo componía novelas, folletos políticos, discursos históricos y meditaciones religiosas.

En 1848 se traslada a Madrid y se matricula en la Facultad de Derecho. Dos años más tarde obtiene una plaza pensionada en la Escuela Normal de Filosofía, lo que le permite atender a su manutención y a la de su familia. Comienza así su función docente, como profesor auxiliar de Literatura Latina y Griega, y de Literatura Universal y Española. Entre 1853 y 1854 obtiene el grado de Doctor con una tesis titulada "Lucano: su vida, su genio, su poema".

Estos años universitarios constituyen el esbozo de su actividad oratoria y periodística: participa en algunos debates y publica artículos en algunos periódicos. Con apenas veinte años, Castelar era un joven que profesaba un exaltado amor a la libertad (sin duda, herencia paterna) junto con un exacerbado misticismo, producto de la estricta educación religiosa que le había inculcado su madre.

El 25 de septiembre de 1854, en el Teatro de Oriente (Madrid), en una reunión del Partido Demócrata, tomó la palabra un joven de 22 años de edad, totalmente desconocido, que tras presentarse como Emilio Castelar comenzó su intervención diciendo las siguientes palabras:

"¿Queréis saber lo que es la democracia? […] Voy a defender las ideas democráticas si deseáis oírlas. Estas ideas no pertenecen ni a los partidos ni a los hombres; pertenecen a la humanidad. Basadas en la razón, son como la verdad, absoluta, y como las leyes de Dios, universales".

Su discurso fue interrumpido incesantemente con aplausos y aclamaciones: al día siguiente, toda la prensa reproducía sus palabras y se deshacía en elogios hacia el joven orador, al que se proponía como Diputado a Cortes, pese a no contar aún con la edad reglamentaria. Castelar se limitó a agradecer cortésmente tanto los elogios recibidos como los ofrecimientos de cargos y honores, pero dejó bien claro que "jamás abandonaría la causa de la libertad y de la democracia".

En 1854, también, comienza como redactor en "El Tribuno del Pueblo" y en 1855, en "La Soberanía Nacional". También en 1855 aparece su primera novela, Ernesto, con ciertos rasgos autobiográficos, y al año siguiente, otra más, de carácter histórico: Alfonso el Sabio. El Bienio Progresista favorece una mayor libertad de expresión en la prensa: Castelar escribió en el recién fundado "La Discusión", periódico de corte demócrata, entre 1856 y 1864.

En febrero de 1857 oposita a una Cátedra de Historia Crítica y Filosófica de España en la Universidad Central de Madrid, que obtiene por unanimidad. Su docencia se extiende también al Ateneo, donde ante un público más heterogéneo, desarrolla un ciclo de conferencias bajo el título de Historia de la civilización en los primeros cinco siglos del Cristianismo. Este año termina con dos acontecimientos trascendentales en su vida, aunque de signo bien distinto: de un lado, la publicación de su ensayo La fórmula del progreso, donde resumía algunos principios que configuraban su ideal de la democracia y que suscitó una fuerte polémica; de otro, el fallecimiento de su madre, circunstancia que le apartó de la vida pública durante algún tiempo.

En enero de 1860 reanudó sus lecciones en el Ateneo madrileño. En esta ocasión ataca duramente la actuación del Gobierno, sobre todo, a partir de 1864, el encabezado por Narváez. En 1864 funda y dirige el periódico "La Democracia", cuyos artículos son multados y censurados continuamente. Uno de los que provocó mayor escándalo fue el titulado "El rasgo", en el que Castelar criticaba duramente y ridiculizaba las "donaciones" económicas que había hecho Isabel II.

Tras este suceso —y acusado de haber participado en revueltas universitarias—, el Gobierno de Narváez destituye a Castelar de su Cátedra. El apoyo de sus alumnos y de sus propios colegas culmina con unas manifestaciones estudiantiles que, duramente reprimidas por el ejército, se saldan con varios muertos y numerosos heridos: es la trágicamente célebre "Noche de San Daniel" (10 de abril de 1865). Como resultado, Alcalá Galiano muere fulminado por una apoplejía; los catedráticos de la Universidad Central dimiten para no tener que sustituir a Castelar y Narváez abandona el Gobierno. O’ Donnell, su sucesor, restituye a Castelar en su Cátedra y acalla las polémicas suscitadas por sus artículos.

Participa en los pronunciamientos progresistas de enero y junio de 1866. Es condenado a garrote vil y tiene que huir de España. Durante dos años (entre 1866 y 1868) tuvo que exiliarse. Durante este tiempo tuvo ocasión de recorrer varios países europeos (Francia, Suiza, Italia, Inglaterra, Alemania…) y de conocer a importantes estadistas, políticos, pensadores y escritores (Victor Hugo, Gambetta, Julio Simon…). Además, colaboró como corresponsal en los principales periódicos de Latinoamérica.

El triunfo de la Revolución de 1868 ("La Gloriosa"), de signo progresista, le permitió regresar a España. En 1869 fue elegido Diputado a Cortes. Fue entonces cuando demostró verdaderamente sus dotes como orador parlamentario, con intervenciones que se recordaban como memorables. Entre 1870 y 1873 —durante el reinado de Amadeo de Saboya— Castelar se mantuvo en la oposición.

La proclamación de la Primera República lo sitúa en el poder: Figueras, el primer Presidente, lo nombra Ministro de Estado. Pese al reconocimiento de su valía como orador y político, es ésta una etapa particularmente dura en la vida de Castelar. Como Presidente de la República (desde septiembre de 1873), actuó a menudo, no sólo en contra de su partido, sino de sus propias convicciones, a fin de conseguir para la nación la paz y el orden que tanto necesitaba: se le acusa, incluso, de comportarse como dictador cuando hace frente a los numerosos problemas que padecía España (crisis económica, conflictos internacionales, insurrección de Cuba…).

Las Cortes lo obligaron a dimitir el 2 de enero de 1874. Unas horas más tarde, entraba Pavía en el Congreso. La Primera República había terminado.

Tras el pronunciamiento de Martínez Campos y la Restauración de la Monarquía, Castelar se marcha de España, reside en París y viaja por otros países europeos. En 1880 ingresa en la Academia de la Lengua y, al año siguiente, en la de la Historia.

Continúa, incansable, escribiendo y viajando: en 1888 esboza un proyecto de Historia de España, que no llegará a completar, y en 1895, una Historia de Europa en el siglo XIX, también inconclusa. Viaja a París en dos ocasiones (1889 y 1893), y a Roma (1894), donde visita al Papa León XIII.

Cansado y enfermo, Castelar abandonó la política activa, aunque intentó volver a ella tras el asesinato de Cánovas (1897), presentándose como diputado por Murcia. Ese mismo año regresó por última vez a Cádiz, donde pronunció en el Casino un emotivo "Discurso de acción de gracias a Cádiz". El último año de su vida transcurrió entre Sax, Mondariz, Madrid y San Pedro del Pinatar, donde falleció el 25 de mayo de 1899. Seis días después, era enterrado en Madrid en medio de un gran clamor popular.

Obras

Libros y estudios en libros

  • Don Alfonso el Sabio Rey de Castilla. (Novela histórica). 1853
  • Ernesto (novela original de costumbres). 1855
  • Leyendas populares. 1857
  • Lucano; su vida, su genio, su poema. 1857
  • Ideas democráticas: La fórmula del progreso. 1858.
  • La civilización en los cinco primeros siglos del cristianismo: Lecciones pronunciadas en el Ateneo de Madrid. 1858.
  • La redención del esclavo. 4 tomos. 1859
  • Colección de los principales artículos políticos y literarios. 1859.
  • Discursos políticos y literarios. 1861.
  • La Hermana de la Caridad. Novela. 2 tomos. 1862
  • Colección de artículos publicados en La Democracia. 3 vols.. 1866.
  • Doña Carolina Coronado. 1869.
  • Defensa de la fórmula del progreso. 1870.
  • Cuestiones políticas y sociales. 3 vols.. 1870.
  • Semblanza contemporánea. 12 vols. 187?.
  • Los crímenes de la esclavitud. 1873.
  • Europa en el último trienio. 1873.
  • Historia de un corazón. 1874.
  • Un año en París. 1875.
  • La cuestión de Oriente. 1876.
  • El ocaso de la libertad. Obra literaria e histórica. 1877.
  • Ricardo. 1877.
  • La revolución religiosa: obra filosófico-histórica dividida en cuatro partes: Savonarola- Lutero-Calvino-San Ignacio de Loyola. 4 vols. 1880-1882.
  • Europa en el último trienio: historia contemporánea. 1883.
  • Retratos históricos. 1884.
  • El suspiro del moro: leyendas, tradiciones, historias referentes a la conquista de Granada. 2 vols.. 1885.
  • Historia del movimiento republicano en Europa. 1889.
  • Nerón. Estudio histórico. 3 vols.. 1891-1893.
  • Historia del descubrimiento de América. 1892.
  • Historia de Europa (en el siglo XIX), desde la Revolución Francesa hasta nuestros días. 1895-1999.
  • Autobiografía con su retrato y algunos discursos inéditos. 1922.

Discursos y artículos

  • Innumerables discursos y artículos de colaboración en distintos periódicos.

Bibliografía

  • G. Alberola: Semblanza de Castelar, 1905.
  • M. Boada y Balmes: Emilo Castelar. Nueva York: 1872.
  • Emilio Castelar y Ripoll: Autobiografía y discursos inéditos. Prólogo de Ángel Pulido. Madrid: 1922.
  • M. González del Arco: Castelar: su vida y su muerte. Bosquejo histórico biográfico. Madrid: 1900.
  • B. Herrera Ochoa: Castelar. Madrid: 1936.
  • B. Jarnés: Castelar, hombre del Sinaí. Madrid: 1966.
  • C. Llorca: Emilio Castelar, precursor de la Democracia Cristiana. Madrid: 1966.
  • A. Sánchez del Real: Emilio Castelar. Su vida y su carácter. Barcelona: 1873.
  • F. de Sandoval: Emilio Castelar. París: 1886.
  • A. Souto Alabarce: Vida y obra de Emilio Castelar. México: 1980.

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