Adolfo de Castro y Rossi

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Nombre

Adolfo de Castro y Rossi

Fecha de nacimiento

1823

Lugar de nacimiento

Cádiz

Profesión

Escritor

Nació en Cádiz (al igual que sus progenitores) el 6 de septiembre de 1823, siendo bautizado en la Parroquia de San Antonio, en la cual había de anotarse su fallecimiento, el 13 de octubre de 1898. A Cádiz dedicó todo su saber y aptitudes y demuestra su amor a la ciudad natal renunciando al alto puesto que le ofrecieron en la capital de la Nación, donde su talento hubiera encontrado más ancho espacio para su desarrollo.

Fue nombrado Gobernador Civil de esta provincia, por empeño del Sr. Vadillo, empezó su carrera administrativa en donde otros la terminan. Sus pocos años no fueron obstáculo para desempeñar tan difícil cargo en época tan agitada como lo fue el año de 1854 y cuando afligía a la ciudad una epidemia de cólera. En Sevilla ocupa el puesto de Secretario de aquel gobierno, quedando después de gobernador interino. Al volver a Cádiz fue elegido para gobernador interino, nombrado más tarde para la tercera Alcaldía y elevado a la primera, cargo que desempeñó hasta 1850. Académico de la Academia de Buenas Letras de Sevilla y de la Academia de Bellas Artes de Cádiz y correspondiente de las Reales Academias de la Lengua, de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas.

Sus gestiones como Alcalde son dignas de loar: libró del servicio militar a todos los quintos pobres, introdujo el adoquinado en la pavimentación de las calles, creó escuelas y empezó los trabajos para que el Ferrocarril de Madrid al Puerto de Santa María llegase hasta Cádiz, con otras reformas de reconocida utilidad para la población.

Nombrado Gobernador Civil de Huelva, la Corporación Municipal dispuso colocar su retrato en la galería de hijos ilustres de Cádiz, con una descripción honorífica, y también la acuñación de una medalla de oro con igual lema. Al cesar en Huelva es nombrado Secretario del Ayuntamiento de Cádiz, cargo que desempeñó hasta la revolución de septiembre de 1868. Volvió a ocupar la Secretaría en 1869, año en que fue objeto de un atentado personal renunciando al poco tiempo al cargo, y terminando así su carrera administrativa.

Su vida de erudito y literaria en su mayor gloria; sus profundos conocimientos revelados en sus numerosas publicaciones y el arte del buen decir, en el que superaba a los mejores prosistas castellanos, le hicieron alcanzar uno de los primeros puestos entre los escritores españoles; sus obras recibidas con avidez, no por el vulgo sino por los más profundos pensadores Al terminar las ediciones españolas sus obras eran traducidas en inglés y francés. Sin atrevernos a emitir juicio alguno acerca de ese coloso de la literatura, cuando tantas opiniones se han publicado sobre sus méritos, nos limitaremos a dar a conocer algunas de sus obras: Historia de los Judíos españoles (1847), El Buscapié (1848) que fue motivo de enconadas polémicas; Los protestantes españoles; La Tabayda de Estacio, Ernesto Renan ante la erudición sagrada y profana; Serena, novela que lleva el nombre de su hija; La cierva herida, que superó a la “Eloísa” de Rouseau; Historia de Cádiz (1845) ampliada después como Historia de Cádiz y su provincia desde los remotos tiempos hasta 1814 (1958), una Historia de Jerez (1845), Examen filosófico de las principales causas de la decadencia de España (1851), Gran diccionario de la lengua española (1852), Poetas líricos de los siglos XVI y XVII y Curiosidades bibliográficas (dos tomos de la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra, 1855 a 1857), Filosofía de la muerte (1856), Ernesto Renán ante la erudición sagrada y profana (1864), Cádiz en la Guerra de la Independencia: cuadro histórico (1864), La última novela ejemplar de Cervantes (1872), Varias obras inéditas de Cervantes (1874), La Epístola moral a Fabio no es de Rioja (1875), Estudios prácticos de buen decir y de arcanidades del habla española (1879), Una joya desconocida de Calderón (1881), Libro de los galicismos (1898), Curiosidades lingüísticas (1891), El Quijote de Avellaneda (1899) y muchas más.

Sus punzantes criticas son modelo en sus calles o clases, Carta del otro mundo y proceso del iracundo bibliotecario bibliopirata don Bartolomico Gallardete, y el folleto Pobrecito de mi alma, crítica de un certamen celebrado en esta ciudad.

También escribió variedad de artículos para periódicos, y fue director de “La Palma” y de “El Constitucional”.

Enfermo y achacoso no dejó de trabajar hasta su muerte, el Ateneo rindió tributo al sabio gaditano. Los periódicos de la región y los de Madrid le dedicaron sentidos artículos, reconociendo todos que la literatura y la Historia patria le debían inapreciables servicios constituyendo, el triunfo de la verdad, frente a inexactitudes y errores que la ignorancia y el tiempo había acreditado. Las obras de D. Adolfo de Castro, decía un periódico sevillano, son un monumento que debe conservar como sagrada reliquia el pueblo de Cádiz. A solicitud de la Asociación de la prensa gaditana, el Excmo. Ayuntamiento acordó colocar una hermosa lápida conmemorativa en la casa que falleció (sita en la calle Cervantes).

Enlaces externos

Bibliografía

  • Yolanda Vallejo Márquez: Adolfo de Castro (1823-1898). Su tiempo, su vida, su obra. 2000.

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