Convento de las Carmelitas Descalzas (Sanlúcar de Barrameda)

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El convento de carmelitas descalzas, en perfecto estado de conservación gracias a la comunidad carmelita que lo habita, le da nombre a su calle (calle Descalzas). No fue la duquesa Doña Ana de Aragón y Guzmán la que trajo la comunidad de carmelitas descalzas a Sanlúcar, como se creía tradicionalmente, sino la financiación de otras varias personalidades. Las carmelitas descalzas fundaron convento (1644) y se instalaron primeramente en la antigua Ermita de San Nicolás, después, en una casa en la calle Bolsa propiedad de la familia Ledesma de Lebrija y luego, a unas dependencias de la Iglesia de San Miguel. Por unas desavenencias surgidas con los miembros de la cofradía de San Miguel, se trasladaron a una casa cercana, donde estuvieron hasta que gracias a unas donaciones recibidas del obispo Don Diego Riquelme de Quirós y otros particulares, se acabó de construir el nuevo convento e iglesia (1669-1675). Hasta la fecha de creación de este artículo, sigue habitado por la comunidad de carmelitas, que para financiarse, realizan labores de confección y bordados por encargo.

El convento es rectangular con tres patios, jardín y numerosas dependencias: 21 celdas, iglesia, coros, tonelerías, refectorios, sacristía, sala de recreación, pequeñas hospederías para sacerdotes, así como otras habitaciones de menor importancia. La portada del convento tienes como detalles decorativos: hornacina superior con los anagramas de Jesús y María a sus lados, arco de medio punto y frontones partidos. Una vez se entra encontramos el locutorio y tonelería, decorado con zócalos de azulejería de tipo sevillano del siglo XVII y una pintura sobre el torno que representa al profeta Elías considerado fundador de la orden carmelita.

Dentro, entre el coro bajo y la tribuna alta para el noviciado, se encuentra la tumba de Don Diego Riquelme de Quirós (1608-1664), obispo sanluqueño que ocupó el cargo de Presidente del Real Consejo de Castilla, nombrado por Felipe IV, y que era el segundo cargo más importante de España, después del propio Rey.

Existen dos criptas en el convento. Una bajo el atar mayor, que antiguamente se destinaba a enterramientos civiles y que está en desuso y una segunda, en el subterráneo del coro bajo, que sigue en uso activo, destinada a la sepultura de las monjas fallecidas de la comunidad.

De las piezas artísticas que guarda la iglesia, destaca las puertas del comulgatorio de las monjas, decorada con pinturas de vegetales y pájaros. Los retablos laterales de la nave, de estilo rococó (año 1760) pintados en azul celeste con elementos dorados, son obras del jerezano Andrés Benitez y Perea y destacan las imágenes de San Joaquin, Santa Ana y la Virgen. En el retablo a la derecha del altar mayor aparece una imagen de Santa Teresa de Jesús con una capa blanca y crucifijo en la mano. Destacan también las encantadoras figuras del niño Jesús de Praga y el niño Jesús Pastorcillo (Siglo XVIII) comunes en las clausuras femeninas.

Dispone también de un interesante archivo, y en su biblioteca se halla un manuscrito del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz (Primera Redacción, Códice A) denominado Códice de Barrameda firmado, corregido y con anotaciones. Es el único que posee notas autógrafas del santo y cuyo facsímil se ha editado recientemente. Es una joya de la literatura y la mística universal.

Conservada en un bonito relicario del año 1701, que fue donado por el cura-párroco de la ciudad Juan Daniel de Herrera, se guarda una carta autógrafa de Santa Teresa escrita desde Segovia a su hermano donde se trata de la boda de éste (1580). También conservan un breve relicario que contiene la firma de Fray Juan de la Cruz.

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