Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz

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Nombre del edificio

Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz

Localización

Cádiz

Cronología

1785

Arquitecto/s

Propiedad

Catalogación


La Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz es una de las más antiguas de España ya que su origen se remonta al 23 de abril de 1785, fecha en la que se establece la Sociedad Médica Gaditana de San Rafael, presidida por el Dr. Lorenzo de Miranda y bajo la protección de aquel hombre excepcional que tanto hizo por la ciudad de Cádiz, que fue el Conde de O’Reilly.

Pero no habían de ser fáciles los primeros momentos de la nueva institución, que en julio de 1787 se ve obligada a modificar sus Ordenanzas, y para soslayar ciertos problemas hace recaer la presidencia en el Médico de la Real Cámara de S.M. don Josef de Masdevall, quedando Lorenzo de Miranda como Vicepresidente. Los nuevos Estatutos que son aprobados por S.M. en El Pardo el 27 de febrero de 1788 le concede el título de Real Sociedad Médica de San Rafael establecida en la ciudad de Cádiz.

El día 2 de mayo de 1788 se notifica al Ayuntamiento “el singular Blasón que nuestro Católico Monarca (q. D.G.) se ha servido conceder a este Cuerpo”. Lo corona, como Titular y Patrono el Arcángel San Rafael, y como la “abertura de esta Sociedad” fue el 17 de febrero de 1785 anualmente, en dicho día, se celebraba una Misa a dicho Arcángel, cuya imagen se sigue venerando en una capilla del Convento Hospital de San Juan de Dios, en donde tuvieron lugar las primeras sesiones de la Academia.

La Academia estaba constituida por veinte socios de número: doce médicos, cuatro cirujanos y cuatro boticarios, estando previsto diez socios supernumerarios (seis médicos, dos cirujanos –latinos- y dos boticarios, aparte de la posibilidad de nombrar algún socio de “erudición” que realmente actuaban como “protectores” de la Institución.

La orientación de la Academia estaba basada en la de la Sociedad de Edimburgo; de ella se toma la forma y procedimiento de actuación y la necesidad de una publicación periódica para informar del progreso de las ciencias. En este sentido se toman como modelos las Colecciones de la Sociedad Real de Londres, la Real de Ciencias de París, la Imperial de Petersbourg y la Academia de Curiosos de la Naturaleza de Alemania. Se evidencia en todo ello un afán de cosmopolitismo, tan típico y característico del XVIII gaditano, y una necesidad innovadora de tomar contacto con las mejores escuelas médicas europeas, que es la principal aportación y la causa del alto prestigio nacional e internacional que alcanzara el Real Colegio de Cirugía de la Armada, de Cádiz, desde su fundación.

Tras el regreso de Fernando VII, la Academia, como toda Cádiz, sufre una tremenda represión, que será superada en 1819 en que se reestructura como Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz, bajo la presidencia de D. Carlos Francisco de Ameller, Director del Real Colegio de Medicina y Cirugía, que le acoge en el seno de la vieja escuela de Virgili. La constituye entonces figuras eminentes, que por las circunstancias de la época han permanecido algo olvidadas pero que los nuevos historiadores comienzan a reivindicarlas en sus justos valores. Entre ellos D. Juan Manuel Aréjula, un precursor de la experimentación clínica, D. Francisco Javier Lasso de la Vega, que puede pasar como el introductor en España del método anatomo-clínico, el anatomopatólogo D. José de Porto, los oftalmólogos Sola, España, etc. Cambia su blasón: “El escudo de sus armas representará –dice el Reglamento de 1818- el enlace de la Medicina con las ciencias naturales”. Por entonces -1820- publicaba el “Periódico de la Sociedad Médico Quirúrgica de Cádiz”, que continuaría más tarde con el título de “Actas y Memorias de la Real Academia Médico-Quirúrgica de Cádiz”.

Finalmente por Real Cédula de 15 de enero de 1831 se establece la Real Academia Nacional de Medicina y Cirugía de la Provincia de Cádiz, que cubría los Distritos de Cádiz, Huelva, Málaga, Islas Canarias y Posesiones del Norte de África. Siguen perteneciendo a ella los que “al tiempo de la aprobación de este Reglamento eran socios de las antiguas Academias”.

Esta Academia, después de conocer días de esplendor, hubo de pasar por numerosas y tristes vicisitudes hasta finales del XIX en que tomó la presidencia otro médico de fama nacional: D. Cayetano del Toro y Quartiellers, que en tan alto sitial colocara la fama oftalmológica española. Le consiguió un local propio y le dio un renacer de actividades que se evidencia en los nuevos miembros que durante un período de tiempo darían lustre a su viejo escudo: Benito Alcina y Rancés, Enrique Díaz y Rocafull, Celestino Párraga y Acuña, Ramón Ventín y Conde, Gerónimo Ceballos y Bonet, Enrique Muñoz Beato, Leonardo Rodrigo Lavín, etc., etc.

No hubo de tener mucho tiempo de vigencia el primitivo escudo carolino de esta Real Sociedad Médica gaditana, pero su recuerdo nos retrotrae a otros tiempos en que hombres íntegros, capaces y apasionados, se comprometían a reunirse todos los jueves, bajo “multa de diez reales de plata a los ausentes”, y si “hiciese algún temporal de mucho agua, de suerte, que sea dificultosa juntarse los Socios… que con ocho Socios y el Vice-Presidente podrá ejecutarse el Acto de la Lección, y a los demás no les valdrá la escusa de haber hecho mal día”. “Por cuanto el fin principal de la Sociedad es el adelantamiento…” mostrándonos el temple de aquellos científicos que nos legaron el germen de esta Real Academia por lo que su antiguo blasón, revivido hoy por el Presidente Muñoz Ferrer, ha servido como emblema significativo de los más puros anhelos de la Institución, para condecorar las solapas de los benefactores del fin principal de esta Real Academia que es “los adelantamientos de la práctica de la Medicina”.

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