Puertas de Tierra (Cádiz)

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Vista general de las Puertas de Tierra de Cádiz desde el exterior (extramuros a la ciudad histórica).

Las Puertas de Tierra de Cádiz son el único punto de acceso por tierra que tiene la ciudad.

Formando parte de las antiguas murallas que rodeaban por completo a la ciudad, han sido y son un elemento de gran importancia histórica y monumental, paso obligado para toda persona que entra o sale del centro de la ciudad por vía terrestre.

Historia

Considerada como la última defensa de Cádiz en el supuesto caso de que los franceses hubiesen podido tomar San Fernando y atravesar el fuerte de La Cortadura, la Puerta de Tierra era el baluarte defensivo y militar que podía permitir su acceso, estando flaqueado a su vez al oriente por el Baluarte de Santa Elena y al occidente por el de San Roque.

Dicho acceso era una pequeña puerta central a la que había que acceder a través de una serie de "glacis" que convertían la entrada a la ciudad en un verdadero campo de tiro al blanco. Y contaba en sus inmediaciones con algunos túneles, la mayoría de ellos hoy desaparecidos u olvidados, que conectaban los glacis con el interior de la ciudad, y que podían ayudar a hostigar a las fuerzas invasoras en caso de que llegasen hasta las puertas de la capital gaditana.

Puertas de Tierra

Detalle del exterior de las Puertas de Tierra de Cádiz.

Su estructura y construcción data del año 1639, cuando Ignacio de Sala y Juan Martín Cermeño comenzaron a levantar las nuevas defensas sobre el antiguo muro de la ciudad.

Todo este frente fue reforzado durante el siglo XVIII, y estaba protegido por una serie de glacis que permitían su mejor defensa. Aunque la parte central está más ricamente adornada y decorada, los lienzos de muralla y los baluartes fueron construidos en la característica piedra ostionera gaditana, menos atractiva a la vista pero muy resistente y fácil de obtener.

La portada central, de corte monumental y construida en mármol, fue diseñada por José Barnola y construida por Torcuato Cayón de la Vega en el año 1755.

Su estado de conservación es bueno y su imagen actual responde a la gran reforma realizada en el año 1950 por el arquitecto Antonio Sánchez Esteve tras un concurso municipal de ideas para adaptarlas a las nuevas necesidades del tráfico rodado. Fue entonces cuando fue horadado por los dos amplios arcos que hoy muestran, y que permiten la comunicación viaria con la tercera zona de expansión de la ciudad. Y fue entonces también cuando se hizo desaparecer parte de los glacis, dejando solamente dos fosos, y se derribó parte del baluarte de San Roque.

Delante del torreón central se extiende una amplia zona ajardinada con un estanque, que a cada lado muestra una alta columna donde se alzan las esculturas de los patronos de la ciudad, San Servando y San Germán, y ante ellos un hermoso ejemplar de drago.

Bibliografía

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